Ubicación
Santo Domingo Alto
Calarcá, Quindío
Colombia
Reservas
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Las montañas que rodean a Calarcá no solo albergan paisajes verdes y bruma matutina; también custodian una tradición botánica milenaria. Mucho antes de que el café tiñera de rojo nuestras laderas, los pueblos originarios Pijao y las primeras familias campesinas utilizaban la vegetación nativa para curar el cuerpo y tranquilizar el espíritu.
Caminar por los senderos de la cordillera Central es internarse en una farmacia viva. En este artículo te compartimos 5 plantas medicinales y sagradas que crecen en nuestro entorno y los secretos ancestrales que las rodean.
Facilmente reconocible por el tono plateado bajo sus hojas cuando el viento de la tarde sopla en la montaña, el Yarumo Blanco (Cecropia) es un pilar en la medicina tradicional andina.
Ninguna huerta tradicional del Quindío está completa sin una mata de Prontoalivio (Lippia alba). Con sus hojas ásperas y su aroma ligeramente mentolado y cítrico, es el remedio definitivo de la cultura cafetera.
El Cidrón o Hierbaluisa (Aloysia citrodora) es famoso por su fragancia a limón fresco y sus delicadas hojas alargadas que crecen con fuerza en los suelos fértiles de altura.
Aunque la caléndula es conocida mundialmente, en el microclima fresco de Calarcá florece con una intensidad de color naranja vibrante que concentra sus principios activos.
Relacionada con el maracuyá y la gulupa de montaña, la Pasiflora crecía de forma silvestre en los bosquetes nativos que bordeaban los antiguos caminos de arriería.
Conectar con la naturaleza en las montañas de Calarcá es mucho más que admirar el paisaje: es volver a sintonizar con los ritmos de la tierra y los saberes ancestrales que curan. En nuestra finca hotel preservamos huertas de plantas aromáticas y conservamos los senderos nativos para que, en tu próxima visita, puedas recolectar tus propias hojas, probar una infusión recién hecha y sentir el poder sanador de la cordillera.